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Homesick

Echo de menos a Mamá. Su paz, su calma, su cariño, su amistad.... Poder hablarle de las cosas que más me importan y saber que me escucha, que le importa, que me quiere. El consuelo meramente de su presencia, sin hablar de sus abrazos y sus palabras en los momentos duros de soportar. Su paciencia, su buena voluntad, su sonrisa. Su ejemplo como mujer piadosa. Trabajar las dos juntas en la cocina, haciendo salsa casera de espaguetis, ensaladas y pan de ajo, entre las risas que compartimos. Escucharla contar de su niñez, de sus padres a quienes nunca conocí, y anécdotas de cuando ella y Papá eran un matrimonio joven.... El compañerismo....

Echo de menos Papá. Verle en su despacho, rodeado de libros, tecleando como una fiera al traducir un libro o un artículo del inglés al español. Poderle traer de sorpresa un café y unas galletas recién hechas mientras trabaja y ver lo que disfruta. Su sentido de humor. Sus anéctodas de sus experiencias como piloto en el ejército del aíre, y de sus viajes de ministerio en tantísimos países. Sus abrazos. Su sabiduría. Su cariño y consuelo cuando más hacen falta. Sus consejos y sus advertencias. Su disponibilidad constante para ayudarnos en lo que haga falta.

Echo de menos a Emily y a Elizabeth. Mis hermanas – mis mejores amigas. Núnca creí que llegaría el día en que nos veríamos en esta situación: separadas por tantos kilómetros. Todo un océano entre nosotras. Y parece que fue ayer que cantabamos las tres a voces mientras fregabamos platos y recogiamos la cocina de casa. La ilusión que teníamos preparando detalles para la boda de Emily. Los paseos que dabamos por el campo, los juegos que inventabamos. Echo de menos juntarnos las tres y lo bien que lo pasabamos. Hablar las cosas de la vida, discutir puntos de vista, compartir lo personal y lo íntimo. Los momentos serios, los momentos tristes, los momentos alegres... todo lo compartíamos. Somos las tres tan diferentes, pero el lazo de amor que nos une nadie lo podrá debilitar; juntas somos fuertes. Saber siempre que en cualquier momento, para lo que haga falta, nos tenemos la una a la otra.

Echo de menos a Caleb, Josué, y Timo. Lo payasos que son... pero a la misma vez, lo protectores que son. Hay momentos en que me deseperan y me prueban la paciencia, pero al igual hay momentos en que me llenan de alegría y de orgullo. Caleb... sus sueños... su pasión por conducir y los consejos que me da sin reparar en que soy bastante mayor que él... lo que le encantan los bollos de canela que hago, y la pasión que compartimos por la fotografía. Josué... su sensibilidad, su fiel apoyo y cariño... su diligencia en todo lo que hace, su valentía, su generosidad y sacrificio posponiendo su carrera por ayudar a la familia... pocos entienden lo que está pasando. Timo... siempre apasionado, nunca mediocre. Sus opiniones absolutamente definitivas sobre la vida. Su necesidad de ser apreciado y valorado por su propio carácter y sus abilidades... tan cariñoso y leal....

Echo de menos a José, Ruth, Manuel, y Sofía. José, mi cuñado, tan trabajador, fuerte, y dispuesto. Amigo fiel y buen hermano. Tantas cosas las que me ha enseñado... como cortar el jamón serrano, trucos de hortelano con las lechugas, los tomates, las patatas... trucos de cocina sobre todo guisando... y sobre todo bromear sobre tantos “trucos” que tiene. Ruth... mi fiel sombra... desde que dió su primer paso siempre me ha seguido por todas partes. Pocas niñas de ocho años con pensamientos tan profundos. Detallista, sensible, amante de belleza. Tímida, pero con gran capacidad de querer. Manuel... mi sobrino travieso. Tan cambiadizo como el viento: tan rápido te dice “eres mi mejor amiga” como te dice, “¡ya no soy tu amigo!”. Tan listo y tan veloz, tan admirador de sus tíos -“me gusta como eres”. Lleno de energía y de de pasión. Sofía, la chiquitaja con sus suaves rizos castaños. Su sonrisa travesurona y sus carcajadas mientras corre a esconderse. Lo que le encanta que la lleve en brazos a mirar las rosas y las arañas en el jardín. Sus brazitos rodeando mi cuello mientras se queda dormida.

Echo de menos a María José y a Manoli... los ratos que María José y yo pasamos en el mercadillo comprando ajos y mirando telas junto con su madre, riéndonos. Los cafés que nos tomamos con Manoli en el “Café Las Rosas” o el “Café Las Postas”. Las tardes en la clase de corte y confección: diseñando trajes, intercambiando pedazos de patrón al igual que ideas sobre la costura, y compartiendo anéctodas de barrio. Echo de menos también a la pequeña María José tan tierna y morenita, parecida a una rosa. Sus ojitos de marrón chocolate, tan confiados y dulces; y sobre todo la alegría que le da a sus padres. Quisiera verla crecer y llevarla de paseo, jugar con ella, ser su “tía adoptiva”. Quisiera ver también a Mario, el recién nacido de Manoli y saber a quien se parece más; si a su padre o a su madre....

Echo de menos a Álvaro... los cafés de mañana muy temprano cuando todos los demás duermen, y las charlas sin supervision.... Hablabamos libremente, sinceramente sin verguenza de lo que pensaran otros al escuchar. Nunca un momento indecente ni impuro, solo amistad pura y comprensión. Apertura de almas y deseo de la verdad.
Echo de menos los tiempos en que comunicabamos perfectamente. Echo de menos los tiempos en que podia ver su cara, su expresión, la luz que resplandecía en su rostro, lo la falta de esa luz. La mirada de sus ojos que no podian esconder la verdad. En esos tiempos siempre sabía la verdad. Sabía con cada momento le medida de honestidad entre nosotros.... O así yo creía. Ahora no lo tengo cerca. No puedo ver... ya no sé que pasa por su mente sin poder ver sus ojos ni su rostro.... Ya no estoy segura de nada. Cuanto extraño la cercanía. Cuanto extraño tener firme suelo bajo mis pies.








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